En esta ocasión os voy a hablar de un fenómeno que puede hacernos detener en mitad de un paseo invernal. Sobre una rama caída aparece una mata blanca, fina y rizada, como si alguien hubiera dejado allí un mechón de pelo. Al acercarnos descubrimos que no es algodón ni una seta de aspecto extraño: es hielo.
Se conoce como «pelo de hielo» y, aunque parezca una simple curiosidad meteorológica, los hongos tienen mucho que ver con su formación.
Aparece sobre madera muerta de árboles de hoja ancha cuando hay suficiente humedad y la temperatura baja ligeramente de cero. El agua presente en la madera se congela en su superficie y va alimentando el crecimiento de unos filamentos extraordinariamente finos. Estos pueden curvarse y formar pequeños mechones sedosos.
¿Y dónde entra el hongo? Un estudio publicado en 2015 encontró Exidiopsis effusa en todas las muestras de madera con pelo de hielo que analizaron sus investigadores. Además, al eliminar la actividad del hongo mediante determinados tratamientos, dejaban de formarse esos característicos cabellos.
Su papel no consiste en fabricar agua ni en enfriar la rama. Su actividad ayuda a que el hielo conserve esa forma delicada, evitando que los filamentos se transformen rápidamente en cristales más gruesos. Los investigadores propusieron la intervención de sustancias que dificultan la recristalización, aunque quedaban aspectos de su composición y funcionamiento por aclarar.
Para buscarlo conviene madrugar tras una noche húmeda y ligeramente heladora, observando ramas en descomposición en lugares resguardados. Es un fenómeno efímero: cuando sube la temperatura, el peinado desaparece.
También se ha documentado en nuestra provincia de León. Así que, en una próxima salida de invierno, merece la pena mirar más allá de los sombreros. A veces, la pista de un hongo es una pequeña escultura de hielo.

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