miércoles, 23 de mayo de 2007

CONFUSIONES IMPERDONABLES


En respuesta al comentario de Sire, voy a hablar un poco sobre el tema de las intoxicaciones fúngicas, algo cada vez más frecuente, no porque cada vez haya mas hongos venenosos sino porque cada vez hay más recolectores y la estadística es lo que tiene.
El 90% de las intoxicaciones fúngicas con consecuencias fatales se deben a esta seta: Amanita phalloides . Así a primera vista parece imposible confurdirla ¿verdad?, pero lo malo de este hongo es que es sumamente camaleónico y tiene una variedad, la llamada alba, que es totalmente blanca. Color blanco + estadío temprano de crecimiento = champiñón pa la cesta = consecuencias fatales, casi siempre la muerte si no hay posibilidad de transplante de hígado ya que posee toxinas fuertemente hepatotóxicas.
¿Cómo evitar un eror de tan trágicas consecuencias?
-Lo más inconfudible y sin lugar a interpretaciones subjetivas es la presencia de volva: los ejemplares de agaricus(champiñón) no tienen volva, la phalloides sí.
-En ejemplares mayores no suele existir confusión debido al color rosaceo de sus láminas que en la phalloides(var. alba) son completamente blancas.

-Otro dato es el olor; existen un montón de especies distintas de Agaricus cuyos aromas divergen de los más anisados como A. sylvicola o A. arvensis a los fúngicos del A. campestris o a los desagradables olores a fenol de los agaricus tóxicos del grupo del A.xanthodermus. La temida phalloides huele agradable, ligeramente ácida...como a manzana, encima sabe bien la muy cabrona, por eso causa tanto daño. De todos modos esto de las narices es demasiado subjetivo para tomar como axioma.
Otro día haré un artículo sobre las especies de agaricus que existen y cómo diferenciarlas y cocinarlas. Hasta pronto

3 comentarios:

juan carlos dijo...

Hola luscus, una vez más felicidades. Has dado en el clavo y considero las apreciaciones de tu artículo extremadamente útiles.

Esta primavera pasada, sin ir más lejos, una señora me comentaba que llevaba años cogiendo (y comiendo) champiñones. Cuando le hablé de la Phalloides ¡NI SABÍA QUE EXISTÍA! Viva de milagro, se podría titular la película. Pfiuuuu.

Me gustaría que en el futuro dedicases un artículo a la diferenciación de las "senderinas", "senderuelas" o "sombrerillos", esas pequeñas setas de corro que creo que también tienen una microlepiota muy venenosa muy parecida a ellas. Estoy seguro de que con tus conocimientos nos aclararás algo sobre estas sabrosas setas, que en tortilla o con arroz están ¿"de muerte"?, no, de eso se trata, PARA CHUPARSE LOS DEDOS.

Un saludo y un beso muy fuerte, luscus.

sire dijo...

Interesantísimo el artículo; sólo un pequeño apunte: el champiñón en estadío temprano de crecimiento no tiene volva como bien dices pero sí tiene anillo.
La diferencia fundamental entre volva y anillo es que la primera es el resto del velo general que envueve toda la seta y el anillo es el resto del velo parcial que envuelve tan solo parte de la misma (el sombrero no lo envuelve).Te animaría a poner un par de fotos comparativas del champiñón y la Phalloides para poder apreciar un poco mejor esta diferencia que he explicado.
Me encanta tu blog.Un saludo y enhorabuena!

ágata dijo...

Juan Carlos, con respecto a lo que cuentas de la señora que cogía champiñones de toda la vida sin saber si quiera de la existencia de una tal "faloides", creo que esa historia puede introducir otro tema relacionado con la micología que considero interesantísimo: las creencias populares de cómo distinguir setas comestibles de venenosas. Seguro que Luscus se sabe unas cuantas.

Por ejemplo, la madre de una amiga mía las metía en agua con una cuchara de plata y si la cuchara no se ponía negra se zampaba la seta y tan ancha. Teniendo en cuenta que por ejemplo la faloidina no recciona con iones metálicos, yo creo que esta mujer podría co-protagonizar "Viva de milagro" con la otra de la que tú hablabas.

Me encantaría que algún día hicieras un post de este tema, Luscus, y que la gente contribuyera con ejemplos de formas populares de identificación, pa que se nos pongan los pelos de punta.